
Susannah jadeó. ¡Iban a liarse a golpes! Miró alrededor, pero gracia a Dios, nadie
parecía haberse percatado de la inminente pelea, ni siquiera Harriet, que estaba sentada a poca distancia, charlando con su madre.
"Te casaste con otra," prácticamente siseó David. "Perdiste cualquier derecho sobre Susannah cuando… – "
"Me marcho," anunció ella.
" -…te casaste con Harriet. Y deberías haber considerado… – "
"¡He dicho que me marcho! "repitió ella, preguntándose por qué se preocupaba de si la habían oído o no. David había dejado bastante claro que esto no era por ella.
Y no lo era. Cada vez estaba más claro. Ella era simplemente un tonto premio a conseguir. Clive la quería porque pensaba que David la tenía. David la quería por la misma razón. Ninguno de los dos se preocupaba realmente por ella; lo único que les importaba era ganarse el uno al otro en alguna tonta competición de toda la vida.
¿Quién era el mejor? ¿Quién era el más fuerte? ¿Quién tenía más juguetes?
Era estúpido, y Susannah estaba harta de ello.
Y herida. Profundamente herida en lo más hondo de su corazón. Durante un mágico momento, ella y David se habían reído y habían bromeado, y ella se había permitido soñar con que algo especial estaba creciendo entre ellos. Él no se había comportado como ningún otro hombre que conociera. Realmente la escuchó, lo cual era una experiencia nueva. Y cuando él se rió, el sonido había sido cálido, rico y sincero. Susannah tenía la teoría de que uno podía saber mucho sobre una persona por su risa, pero tal vez esto era tan solo otro sueño perdido.
"Me marcho," dijo ella por tercera vez, sin estar muy segura de porqué se molestaba. Quizás era alguna clase de enfermiza fascinación con la situación que tenía entre manos, una morbosa curiosidad por ver lo que ellos harían cuando realmente comenzara a alejarse.
"No, no se va," dijo David, agarrando su muñeca en el instante en que ella se movió.
