
"Será lo mejor," contestó Clive. "Evidentemente no puede permanecer aquí. " Entre la sociedad civilizada, implicaba la frase.
David la tomó por el codo. "¿Está lista para marcharse? " le preguntó, a pesar de que ella había anunciado su intención de hacer exactamente eso nada menos que tres veces.
Ella asintió, y se despidió de Clive antes de permitir que David se la llevara.
"¿Qué ha sido todo eso? " le preguntó él, una vez que estaban acomodados en su carruaje.
Ella sacudió la cabeza inútilmente. "Se parecía tanto a Clive. "
"¿A Clive? "repitió él, con voz teñida de incredulidad. "No me parezco en nada a Clive. "
"Bien, tal vez no en los rasgos," dijo ella, tirando distraídamente de los flecos de la manta que tenía extendida sobre el regazo. "Pero sus expresiones eran idénticas, y usted actuaba exactamente igual que él. "
La expresión de David se volvió pétrea. "Nunca actúo como Clive,"dijo, mordiendo las palabras.
Ella se encogió de hombros por toda respuesta.
"¡Susannah! "
Lo miró con las cejas arqueadas.
"No actúo como Clive," repitió él.
"No, normalmente no. "
"Hoy tampoco" afirmó él.
"Sí, hoy sí, me temo. Lo hizo. "
"Yo- " Pero no terminó la frase. En cambio, apretó los labios y mantuvo la boca cerrada, abriéndola sólo para decir, "Estará en casa pronto. "
Lo que no era cierto. Había unos buenos cuarenta minutos hasta Portman Square. Susannah sintió el paso de cada uno de esos minutos con insoportable detalle, puesto que ninguno de ellos volvió a decir una palabra hasta que llegaron a su casa.
El silencio, se percató ella, podía ser increíblemente ensordecedor.
Capítulo Seis.
¡Qué divertido!, Lady Eugenia Snowe fue vista arrastrando a su nuevo yerno a través del hielo por las orejas.
¿Quizás ella lo divisó dando una vuelta sobre el hielo con la encantadora Susannah Ballister?
