Clive puso los ojos en blanco. "Lo único que digo es que creo que si la persigues -realmente la persigues, es posible que diga sí. "

"Crees. "

"Creo," dijo Clive con impaciencia. "Dios bendito, ¿cuándo te he dicho que era vidente? "

David frunció los labios pensativamente. "¿Qué has querido decir," preguntó despacio, "cuando has dicho perseguirla realmente. "

Clive parpadeó. "Que deberías perseguirla realmente. "

"Clive," gruñó David.

"Tener un gran gesto," dijo Clive rápidamente. "Algo desproporcionado y romántico y completamente ajeno a tu carácter. "

"Cualquier clase de gesto de ese tipo seria ajeno a mi carácter," se quejó David.

"Exactamente," dijo Clive, y cuando David alzó la vista, vio que su hermano sonreía ampliamente.

"¿Qué debería hacer? " David preguntó, odiando ser el que pide consejo, pero lo bastante desesperado para hacerlo, de todos modos.

Clive se puso de pie y se aclaró su garganta. "¿Bueno, cuál sería el encanto si te dijera lo que tienes que hacer? "

"Yo lo encontraría encantador," dijo David rechinando los dientes.

"Ya pensarás en algo," dijo Clive, de forma poco servicial. "Un gran gesto. Todo hombre puede ser capaz de al menos un gran gesto en su vida. "

"Clive," dijo David, con un gemido, " sabes que los grandes gestos no son de mi estilo. "

Clive se rió entre dientes. "Entonces supongo que tendrás que incorporarlos a él. Al menos por ahora. " Sus cejas se fruncieron, y entonces comenzó a burbujear con una risita ligeramente controlada. "Al menos durante el día de San Valentín," añadió, sin contener entonces su diversión, "que creo que es… ah… dentro de once días, más o menos. "

El estómago de David dio un vuelco. Tenía la sensación de que era el corazón, que se había desplomado hasta allí. El día de San Valentín. ¡Dios bendito, el día de San Valentín!. La maldición de cualquier hombre sensato y razonable. Si alguna vez era de esperar un gran gesto, era durante el día de San Valentín.



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