
Pero en su brillante determinación, no prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor, y debió ser por eso por lo que se sorprendió tanto cuando oyó su voz.
"Señorita Ballister. "
No, no era Clive. Peor incluso. Era el hermano mayor de Clive, el Conde de Renminster. En toda su gloriosa presencia de oscuro cabello y ojos verdes.
Ella no le había gustado nunca. Oh, él siempre había sido educado, en realidad era educado con todo el mundo. Pero ella siempre había sentido su desdén, su obvia convicción de que ella no era suficiente para su hermano.
Supuso que ahora estaría feliz. Clive estaba a salvo, casado con Harriet, y Susannah Ballister nunca corrompería el sagrado árbol genealógico de los Mann-Formsby.
"Milord," dijo ella, tratando de mantener un tono de voz tan cortés como el de él. No podía imaginar qué podía querer de ella. No había ninguna razón para que la hubiera saludado por su nombre; podría haberla dejado pasar por su lado fácilmente sin reconocer su presencia. Ni siquiera habría sido grosero por su parte. Susannah había caminado tan enérgicamente como le era posible por el atestado salón de baile, claramente abstraída en sus pensamientos.
Él le sonrió, si uno podía llamarlo así -la sonrisa nunca alcanzó sus ojos.
"Señorita Ballister,"le dijo, "¿cómo está usted? "
Durante un momento no pudo hacer nada más que quedarse mirándolo. No era la clase de persona que hiciera una pregunta a menos que realmente quisiera conocer la respuesta, y no tenía ninguna razón para creer que estuviera interesado en su bienestar.
¿"Señorita Ballister? " murmuró, pareciendo vagamente divertido.
Finalmente, ella logró decir, "Muy bien, gracias," aunque ambos supieran que eso estaba bastante lejos de la verdad.
Durante un largo momento él simplemente la miró fijamente, casi como si la estudiara, buscando algo que ella no podía imaginar qué era.
