
"No vaya allí," dijo Penélope suavemente, sin mirarla directamente a los ojos, de la forma en que solo la gente tímida lo hace.
Los labios de Susannah se entreabrieron de la sorpresa, y sabía que sus ojos expresaban su incomprensión.
"Hay una docena de señoritas en el salón de descanso," dijo Penélope.
Esto era explicación suficiente. El único lugar en el que Susannah quería estar, aún menos que en el salón de baile, era en una habitación llena de gorjeantes y chismosas damas, todas las cuales asumirían seguramente que había huido allí para evitar a Clive y Harriet.
Lo cual era cierto, pero eso no significaba que Susannah quisiera que alguien lo supiera.
"Gracias," susurró Susannah, atontada por el bondadoso gesto de Penélope. Ella no le había dedicado un solo pensamiento a Penélope el verano pasado, y la joven la había recompensado salvándola, con seguridad, de un momento de vergüenza y dolor. Por impulso, tomó la mano de Penélope y le dio un apretón. "Gracias. "
Y repentinamente lamentó no haber prestado más atención a las muchachas como Penélope cuando ella había sido considerado una líder de la temporada. Ahora sabía lo que era permanecer de pie, al borde del salón de baile, y no era divertido.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Penélope murmuró una tímida despedida y se escabulló, dejando a Susana abandonada a sus propios medios.
Estaba de pie en la parte más concurrida del salón de baile, que no era precisamente donde quería estar, así que comenzó a andar. No estaba realmente segura de a dónde se dirigía, pero siguió moviéndose, porque sabía que eso la hacía aparecer segura de sí misma.
Sabía que una persona debería actuar como si supiera lo que hacía, aunque no fuera así. Clive había sido quien se lo había enseñado, en realidad. Esta era una de las pocas cosas buenas que había sacado del cortejo.
