‘Ahora basta, paren.’

‘Y sino, que?’

El Siciliano sonríe y se pone de frente a el, alargando las piernas. Sus jeans ligeramente más claros en sus gruesos muslos se tensan. Gloria, apoyada en la espalda de Dario, se agarra más fuerte. Hasta aquel momento había aguantado las lagrimas, ahora también la respiración.

‘Sino, que harás?’

Dario mira al Siciliano a los ojos.

‘Que coño quieres? Siempre tienes que ser la molestia.’

De los labios del Siciliano desaparece la sonrisa.

‘Que dijiste?’

La rabia hace mover sus pectorales. Dario cierra los puños. Un dedo escondido entre el resto se ajusta con un sonido sordo. Gloria entrecierra los ojos, Schello se mantiene con el cigarrillo tembloroso en su boca abierta. Silencio. Repentinamente un rugido rompe el aire. La moto de Step llega haciendo ruido. Dobla en la curva y avanza veloz, frenando poco después en medio del grupo.

‘Bueno, que se hace de bueno?’

Gloria finalmente suspira. El Siciliano mira a Dario.

Una sonrisa ligera deja la discusión para otro momento.

‘Nada, Step, se habla mucho y no sucede nada.’

‘Tienen ganas de estirarse un poco?’

El seguro de la moto cae como un cuchillo y se planta en el suelo. Step baja de la moto y se arregla la chaqueta.

‘Se aceptan concursantes.’

Pasa cerca de Schello y, abrazándolo, le quita de la mano la Heineken que acaba de abrir.

‘Hola, Sche.’

‘Hola’

Schello sonríe, feliz de ser su amigo, un poco menos de no tener más la cerveza.

Cuando la cara de Step baja después de un largo trago, sus ojos encuentran a Maddalena.

‘Hola.’

Los suaves labios de ella, ligeramente rosados y pálidos, se mueven apenas, pronunciando ese saludo en voz baja. Sus pequeños dientes blancos, todos pares, se iluminan mientras sus ojos verdes, bellísimos, tratan de transmitir todo su amor, inútilmente. Es mucho. Step se le acerca, mirándola a los ojos. Maddalena lo mira, incapaz de bajar la mirada, de moverse, de hacer cualquier cosa, de parar ese pequeño corazón, que como loco, hace un solo como si fuera Clapton.



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