
Aun, como al comenzar, mas fuertes que cuando comenzaron. ‘Cuatro!’ Sus caras, gestos casi irreales, sus narices, con pequeñas arrugas, bajan contemporáneamente. Bajan veloces, con facilidad, llegan casi hasta la tierra y de nuevo suben. ‘Cinco!’ grita Schello dando un ultimo trago a la lata y lanzándola en el aire. ‘Seis!’ Con exactitud la golpea. ‘Siete!’ La lata vuela en alto. Después, como lenta paloma, cae de lleno en la Vespa de Valentina.
‘Coño, eres de verdad un ridículo, yo me largo.’ Las amigas comienzan a reírse.
Gianluca, su novio, para de hacer flexiones y baja del tejado.
‘No, anda Vale, no seas así.’
La agarra con los brazos y trata de pararla, logrando con un beso suave interrumpir sus palabras.
‘Esta bien, pero dile algo a ese tipo.’
‘Ocho!’ Schello baila en el techo moviendo alegre las manos. ‘Muchachos, ya uno, con la excusa de que la novia se arrecho, ha parado. Pero la competencia continua’
‘Nueve!’ Todos ríen y, ligeramente mas calentados, bajan. Gianluca mira a Valentina.
‘Que se le puede decir a uno así?’ Agarra la cara entre sus manos. ‘Tesorito, perdónalo, no sabe lo que hace.’ Mostrando un discreto conocimiento religioso pero una pésima práctica, debido que apoyado en la vespa de Valentina comienza a besarla apasionadamente, en frente de las otras chicas.
La voz gruesa del Siciliano con aquel acento particular de su región que, aparte de la piel oliva, le ha dado el sobrenombre, hace eco en la plaza.
‘Hey Sche! Aumenta un poco, me estoy durmiendo.’
‘Diez!’
Step baja fácilmente. Su corta camiseta azul le cubre los brazos. Los musculos son anchos. En las venas su corazón suena potente, pero aun lento y tranquilo. No como entonces. Ese día su corazón joven había comenzado a batir veloz, como enloquecido.
