
Blake Williams era todo lo que la gente decía que era. Tenía encanto suficiente para gobernar un país y el dinero para hacerlo. A pesar de su terror inicial, Belinda estaba sonriendo cuando sus pies tocaron el suelo unos minutos después y los dos instructores que estaban a la espera le desabrocharon el paracaídas, justo cuando Blake aterrizaba unos metros detrás de ella. En cuanto se libraron de los paracaídas, él la abrazó y la besó otra vez. Sus besos eran tan embriagadores como todo lo relacionado con él.
– ¡Has estado fantástica! -dijo él, levantándola del suelo, mientras ella sonreía y reía en sus brazos. Era el hombre más excitante que había conocido.
– ¡No, tú eres fantástico! Jamás habría pensado que haría una cosa así; ha sido lo más emocionante que he hecho en mi vida. -Solo hacía una semana que lo conocía.
Los amigos de Belinda ya le habían advertido que no se planteara mantener una relación seria con él. Blake Williams salía con mujeres bellísimas de todo el mundo. El compromiso no estaba hecho para él, aunque antes sí. Tenía tres hijos, una ex mujer a la que quería con locura, un avión, un barco y media docena de casas fabulosas. Solo pretendía pasarlo bien y, desde el divorcio, nada indicaba que deseara establecerse. Al menos en un futuro próximo, lo único que quería era jugar. Su éxito en el mundo de la alta tecnología puntocom era legendario, como el de las empresas en las que había invertido desde entonces. Blake Williams tenía todo lo que deseaba, todos sus sueños se habían hecho realidad. Mientras se dirigían hacia el jeep que los esperaba, alejándose de la playa en la que habían aterrizado, Blake rodeó a Belinda con un brazo, la atrajo hacia él y le dio un beso largo y arrebatador. Fue un día y un momento que Belinda supo que quedarían grabados para siempre. ¿Cuántas mujeres podían jactarse de haber saltado de un avión con Blake Williams? Posiblemente más de las que ella imaginaba, aunque no todas las mujeres con las que él salía fueran tan valientes como Belinda.
