
En lo más profundo soy una persona perturbada. No sé reprimir los instintos, me hago corromper por las obsesiones, las pasiones más violentas. ¿En tu opinión esto sucede porque soy siciliana? ¿O porque tengo miedo de quedar mutilada de la parte más bella de mí? De Thomas.
11
Lo desperté sacudiéndolo, agitada.
– Hay fantasmas, los siento -susurré para que no me oyeran.
Un sueño, dijo él, un mal sueño, relájate, dijo.
No, no podía. Esa mano la sentí de verdad golpeando en la pared que está enfrente de la cama. Escandía el tiempo, creando una dulce melodía. Y con los ojos semicerrados había visto una figura femenina, alta y negra.
Duerme, duerme, no tengas miedo. Duerme, duerme, no tengas miedo. No tengas miedo.
Esta mañana, el recuerdo de la noche quedó en el pasado, pero hay una extraña atracción que me lleva a desear la oscuridad, las tinieblas. Oigo un eco extraño, saboreo la leche tranquilizadora de mis pensamientos, tengo las piernas desnudas y cruzadas, observo impaciente los cigarrillos, porque siete horas sin fumar son muchas horas.
El olor de los platos sucios en la pileta está aumentando a medida que pasan los días, esta mañana me decido y limpio la casa, lo juro, lo hago. Estoy tranquila, aunque ese eco parece un canto tibetano que no me deja pero tampoco me molesta.
Él me dice:
– Ven a ver.
Yo voy a ver con los labios abiertos en una sonrisa, atravieso el estrecho corredor y pienso y siento que esta mañana realmente tengo ganas de hacer el amor. Pienso que cuando entro en la habitación lo tiro sobre la cama y le hago el amor sin mirarlo siquiera. Acaba de ducharse y está húmedo, ya siento la piel de su espalda femenina rozándome la yema de los dedos.
