La gente muerta me da miedo.

Me da miedo pensar que tal vez un día yo también pueda morir.

La playa de Roccalumera estaba dominada por un enorme cartel que decía: “PROHIBIDO EL BAÑO”. Y sin embargo era la playa más frecuentada de toda la Sicilia oriental. No había arena, no había escollos. Solamente piedras. Piedras que se metían entre los dedos de los pies, formando surcos en la piel.

– Ten, ponte las zapatillas de goma, así no te lastimas.

Siempre odié esas horribles zapatillas de goma. Me hacían sentir fea, me hacían parecerme a una de esas viejas turistas alemanas con sombrero blanco y las infaltables zapatillas de goma en los pies.

Prefería lastimarme y, debo decirlo, a la larga incluso me ha gustado esa sensación que percibía en la piel, esa dulce tortura que infligía a mi piel de niña.

No me gustaba ir a la playa a la mañana, para mí la hora ideal era la primera tarde, inmediatamente después de haber comido.

– No puedes bañarte ahora, enseguida después de haber comido -decían a coro tú, la abuela y las tías. Mientras, los hombres roncaban adentro, rehenes de una noche de pesca.

– No, les juro que no me meto en el agua, sólo quiero tomar sol -decía yo, seria.

– ¡Te vas a insolar!

– Me mojo la cabeza cada tanto -respondía yo, sabiamente.

Salía entonces con todo el armamento acompañada de Francesco y Ángela, que antes me habían mandado en expedición para convencerlos de que nos dejaran ir.

Atravesábamos la calle tomados los tres de la mano y una vez que llegábamos a la orilla tirábamos los colchones inflables al agua y nos extendíamos sobre ellos. Jugábamos a apostar quién se mojaría primero la panza. El agua era muy fría y toda la comida que pocos minutos antes habíamos asimilado podía congelarse dentro del estómago. Después de las primeras malas experiencias incluso nos habíamos acostumbrado a las medusas. Por esos lados son pequeñas, pero terribles. Llevábamos aceite de oliva, crema Nivea y manteca. Mezclábamos todo y lo untábamos sobre la zona apenas infectada, que en contacto con las sustancias y expuesta al sol se freía como un huevo con panceta.



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