
Y ciertamente Billy no había sido fiel al proverbio de que todo hombre se casa con su madre.
A Nor Kelly no se le podía acusar de remilgada.
Llevaba un vistoso traje pantalón blanco de cachemira con un pañuelo de seda de llamativo estampado, todo ello aderezado con joyas de fantasía.
– ¿Cómo están los niños? -preguntó Nor.
– Empezando a andar -anunció Denise con orgullo-. El día que Roy Junior dio su primer paso, Roy padre se pasó media noche instalando cancelas por toda la casa.
Sterling creyó detectar que Billy ponía los ojos en blanco. Denise le está diciendo lo apañado que es Roy en casa, pensó. Apuesto a que Billy tiene que oír las hazañas de Roy cada vez que se ve con su ex mujer.
Marissa abrazó a su padre y a su abuela.
– Que lo paséis bien con los Soprano -dijo.
Denise puso cara de sorpresa.
– ¿Los Soprano?
– Es broma -se apresuró a decir Nor-. Esta noche actuamos en una fiesta de los hermanos Badgett a beneficio del hogar de pensionistas.
– ¿No viven en esa casa tan grande…? -empezó a decir Denise.
– Sí -soltó Marissa-, Y he oído que tienen una piscina cubierta y una pista de bolos.
– Tranquila, te contaremos hasta el último detalle -prometió Billy-. Ven. Vamos a buscar tu chaqueta.
Mientras ellos iban a guardarropía, Sterling se entretuvo un momento en mirar las fotos que había en la pared. Muchas de ellas mostraban a Nor posando con diferentes comensales. Algunas tenían autógrafos de personas que, pensó, debían de ser famosos del momento. Había también fotografías de una despampanante Nor en el escenario, cantando con una orquesta; de Nor y Billy actuando juntos; de Billy y Nor con Marissa.
