Sterling comprobó por las fotos más antiguas que Nor debía de haber sido cantante de cabaret.

En algunas se le veía actuando con otra persona. El atril llevaba la inscripción NOR KELLY y BILL CAMPBELL. El padre de Billy, pensó Sterling. ¿Qué habrá sido de él? ¿Cuánto tiempo hará que ella tiene el restaurante? Luego, un póster de una celebración de Nochevieja en el local de Nor con fecha de veinte años atrás le dio la pista de que ella se dedicaba a esto desde hacía mucho.

Marissa se marchó tras un último beso de despedida a Billy y a Nor. Aunque sabía que ella no podía verle, Sterling se sintió un poco decepcionado de que Marissa no hubiera notado su presencia o de que no le hubiera pedido «los cinco».

No seas ridículo, se regañó a sí mismo. Pero cuando vio a Marissa con Billy pensó en el hijo que él habría podido tener si se hubiera casado con Annie.

Billy y Nor corrieron a cambiarse. Para matar el rato, Sterling se acercó a la barra, donde un cliente estaba charlando con el camarero. Se sentó en un taburete cercano. Si aún estuviera vivo, pediría un whisky, pensó. La de tiempo que hace que no tomo uno. El año que viene Marissa me preguntará si yo tengo hambre o sed. En realidad, no tengo deseos de comer ni de beber, pensó, aunque cuando estoy a la intemperie tengo frío, y me siento como encajonado dentro de los coches.

– La Navidad estuvo bastante bien, Dennis -estaba diciendo el cliente-. Pensé que sería un mal trago, mi primera Navidad sin Peggy. La verdad, cuando bajé aquella mañana estaba dispuesto a pegarme un tiro, pero luego me vine aquí y fue como estar en familia.

Que me aspen, pensó Sterling. Pero si es Chet Armstrong, el locutor deportivo. Él estaba empezando en el Canal ll cuando me dieron el pelotazo final. Entonces era un chaval larguirucho, pero por la manera que tenía de dar las noticias deportivas te parecía que cada partido era crucial. Ahora es corpulento, tiene el pelo blanco, y la cara de un hombre que ha pasado mucho tiempo a la intemperie.



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