El hombre estaba diciendo:

– No creo que haga falta que te diga la clase de artistas que llevamos. Hemos estado siguiéndote la pista, Billy, y tienes mucho gancho. Te ofrecemos un contrato por dos discos.

– Me siento muy halagado y, la verdad, la perspectiva es muy interesante, pero tendréis que hablar con mi agente -dijo Billy, radiante.

Trata de disimular que está entusiasmado, notó Sterling. Es el sueño de todo cantante joven: firmar con una compañía discográfica. Menudo día.


Los últimos rezagados salieron del restaurante a las doce y media. Nor y Billy se sentaron a la barra con Dennis mientras éste terminaba de limpiar.

Nor levantó un vaso:

– Dicen que trae mala suerte brindar con agua, pero me vaya arriesgar. Por Billy y su nuevo contrato.

– Tu padre estaría muy orgulloso -dijo Dennis.

– Seguro que sí. -Nor alzó los ojos-. Va por ti, Bill, dondequiera que estés. Tu hijo ha triunfado.

Tengo que conocerle sea como sea, pensó Sterling. Vio un sospechoso toque de humedad en los ojos de los tres. Billy tenía más o menos la edad de Marissa cuando se quedó sin padre. Tuvo que ser una pérdida terrible para él y para Nor.

– Crucemos los dedos para que todo vaya bien -propuso Billy-. No quiero entusiasmarme antes de hora. Esperaré a que me manden la oferta por escrito.

– Lo lograrás -le aseguró Nor-. Pero recuerda que la próxima Navidad te quiero aquí, cantando conmigo.

– Claro, mamá, y sin cobrar -rió Billy.

– Tendrás que contratar a un guardaespaldas -dijo Dennis. Luego dobló un paño-. Listo. Esto ya está. Pareces cansada, Nor. Deja que te acompañe a casa.

– Mira, si viviera a un cuarto de hora de aquí, tal como me siento ahora mismo te tomaría la palabra. Pero por tres minutos que tengo hasta casa, prefiero que el coche esté delante de mi puerta mañana por la mañana. Pero podrías sacarme estos libros de reservas. Quiero seguir revisándolos un rato.



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