
– Sí, Kiz, gracias. Gracias por todo.
– Ya me has dicho eso, compañero. No hace falta que lo sigas repitiendo.
Bosh asintió con la cabeza y echó un vistazo a su alrededor. Se fijó en que en la pared de detrás de Rider había una foto de dos detectives en cuclillas detrás de un cadáver que yacía en el lecho seco de hormigón del río Los Ángeles. Parecía una imagen de principios de los años cincuenta, a juzgar por los sombreros que llevaban los detectives.
– Bueno, ¿por dónde empezamos? -preguntó.
– La brigada divide los casos en bloques de tres años. Eso proporciona continuidad. Dicen que has de conocer la época y a algunos de los miembros del departamento. Además, ayuda a identificar a los asesinos en serie. En dos años ya han descubierto a cuatro asesinos en serie de los que nadie sabía nada.
Bosch asintió. Estaba impresionado.
– ¿Qué años nos tocan? -preguntó.
– Cada equipo tiene cuatro o cinco bloques. Como nosotros somos, el equipo nuevo, tenemos cuatro.
Abrió el cajón de en medio de su escritorio, sacó un trozo de papel y se lo tendió.
Bosch – Rider – Asignación de casos
1966 1972 1987 1996
1967 1973 1988 1997
1968 1974 1989 1998
Bosch estudió el listado de años de los que serían responsables. Había estado en Vietnam o fuera de la ciudad durante la mayor parte del primer bloque.
– El verano del amor -comentó-. Me lo perdí. Quizás ése es mi problema.
Lo dijo sólo por decir algo. Se fijó en que el segundo bloque incluía el año 1972, el año en que había ingresado en el cuerpo. Recordó que tuvo que acudir a una casa de Vermont en su segundo día en el trabajo de patrulla. Una mujer que vivía en la zona Este les pidió que fueran a ver si le había ocurrido algo a su madre, que no contestaba el teléfono. Bosch encontró a la mujer ahogada en una bañera, con las manos y pies atados con correas de perro. Su perro estaba en la bañera con ella, muerto. Bosch se preguntó si el asesinato de la anciana era uno de los casos abiertos que les tocaría resolver.
