Déjame terminar mi pequeño discurso. Después de todo, no tengo ocasión de hacerlo con mucha frecuencia. En resumen, lo que queremos hacer aquí es aplicar tecnología y técnicas nuevas a casos viejos. La tecnología tiene esencialmente tres vertientes. Tenemos ADN, huellas dactilares y balística. En las tres áreas, los avances en análisis comparativos han sido fenomenales en los últimos diez años. El problema con este departamento es que nunca había utilizado esos avances para revisar casos antiguos. Por consiguiente, tenemos unos dos mil casos en los cuales hay pruebas de ADN que nunca se han procesado y comparado. Desde mil novecientos sesenta existen cuatro mil casos con huellas dactilares que nunca se han revisado a través de un ordenador.

Los nuestros, los del FBI, del Departamento de Justicia, el ordenador. Los nuestros, los del FBI, del Departamento de Justicia, el ordenador de quien sea. Es casi risible, pero es demasiado triste para reírse de ello. Lo mismo que balística. Estamos encontrando que en la mayoría de los casos las pruebas siguen allí, pero no se han tenido en cuenta.

Bosch negó con la cabeza, sintiendo ya la frustración de todas las familias de las víctimas, los casos barridos por el tiempo, la indiferencia y la incompetencia.

– También descubriréis que las técnicas son diferentes. El policía de Homicidios actual es simplemente mejor que aquel de, digamos, mil novecientos sesenta o setenta. O incluso que el de mil novecientos ochenta. Así que incluso antes de llegar a las pruebas físicas y de revisar esos casos vais a ver cosas que ahora os parecen obvias, pero que no eran obvias para nadie en el momento del crimen.

Pratt asintió con la cabeza. Su discurso había finalizado.

– Ahora el resultado ciego -dijo, empujando la carpeta azul pálido del expediente por la mesa-. Aquí lo tenéis. Es todo vuestro. Cerradlo y poned a alguien entre rejas.



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