
Andrew le miró fijamente, sintiéndose como si acabaran de abofetearle. A continuación, un sonido carente de cualquier asomo de humor se abrió paso entre sus labios al reparar en su propia vanidad. ¿Cómo no había anticipado ese giro de los acontecimientos? Naturalmente que otros hombres se verían atraídos por los encantos de lady Catherine. Se aclaró la garganta para encontrarse la voz.
– ¿Qué clase de interés?
– Sin duda, un experto de tu calibre debería saberlo. Los gestos típicamente románticos. Flores, invitaciones, chucherías. Esa clase de cosas.
El fastidio, junto con una buena dosis de celos, golpearon a Andrew en plena cara.
– ¿Y ha dado ella muestra de que disfrutaba de esas atenciones?
– Al contrario, me ha comentado que encontraba aburridos a esos caballeros, puesto que no tiene, y ahora cito textualmente: «la menor intención de comprometer jamás mi independencia atándome a otro hombre». Reconozco que últimamente mi hermana se muestra sorprendentemente categórica. Eso, añadido a una vena de clara testarudez que he detectado en sus modales últimamente, y a esos otros pretendientes… -Un estremecimiento colmado de compasión contrajo los rasgos de Philip-. No es un inicio estelar para tu campaña de cortejo, amigo mío, aunque yo ya intenté advertirte de ello en su momento.
Andrew dejó de lado la descripción vagamente poco halagüeña de lady Catherine que la presentaba como categórica y testaruda. ¿Acaso no era siempre eso lo que pensaban los jóvenes de sus hermanas? Sin embargo, no podía pasar por alto lo demás y sus ojos se entrecerraron hasta quedar convertidos en finas ranuras.
– ¿Quiénes son esos hombres?
– Demonios, Andrew, ese tono glacial no presagia nada bueno para los caballeros, y no creo haber visto antes esa mirada en tus ojos. Espero no encontrarme jamás entre tus objetivos. -Pareció meditarlo durante unos segundos, y luego añadió-: Mi hermana ha mencionado a un médico de pueblo. Luego, naturalmente, está el duque de Kelby, cuya propiedad en el campo está próxima a la casa que ella tiene en Little Longstone. Y había también todo un surtido de barones, vizcondes y títulos semejantes, algunos de los cuales están aquí esta noche.
