
– Son para ti, mamá -dijo.
Cuando dio un paso atrás, la mano de su padre reposó de nuevo en su hombro.
– Bien hecho -le susurró a su hijo-. Estoy orgulloso de ti. Ahora ve a casa con la abuela.
– ¿Puedo quedarme contigo, papá?
– Ahora no -el rostro de Franco Farelli se mostró amable-. Debo permanecer a solas con tu madre -no se movió hasta que se fueron. Cuando sus pisadas se perdieron en el silencio, avanzó hacia la lápida y se arrodilló ante ella, musitando-: Te he traído a nuestro hijo, mi amore. Mira cuánto ha crecido, lo fuerte y hermoso que es. Pronto cumplirá los siete años. No te ha olvidado. Todos los días hablamos de «mamá». Lo estoy criando como tú querías, para que recuerde que es tanto inglés como italiano. Habla la lengua de su madre y de su padre -los ojos se le nublaron por el dolor-. Cada día se parece más a ti. ¿Cómo puedo soportarlo? Esta mañana me miró con aquella sonrisa tuya, y fue como si tú te hallaras presente. Pero al siguiente instante volviste a morir, y el corazón se me partió. Ha pasado justo un año desde que falleciste, y el mundo sigue oscuro para mí. Al partir te llevaste el júbilo. Intento ser un buen padre para nuestro hijo, pero mi corazón está contigo y mi vida es un desierto -alargó una mano para tocar el frío mármol-. ¿Estás ahí, amada? ¿A dónde has ido? ¿Por qué no logro encontrarte? -de pronto perdió el control y con dedos nerviosos se aferró al mármol, cerró los ojos y emitió un grito de aguda angustia-. ¡Vuelve a mí! Ya no puedo soportarlo más. ¡Por el amor de Dios, vuelve a mí!
Capítulo Uno
Si Joanne se concentraba mucho, podía bajar el pincel hasta el punto exacto y girarlo en el último instante. Requería una gran precisión, pero había ensayado el movimiento a menudo y, en cada ocasión, ya conseguía hacerlo bien.
El resultado era perfecto, del mismo modo que todo el cuadro era perfecto… una copia perfecta. El original era una pequeña obra maestra. A su lado se alzaba su propia versión, idéntica en cada pincelada. Salvo que sólo podía afanarse lentamente allí donde el genio había mostrado el camino.
