

Batya Gur
Un asesinato musical
Traducción de María Corniero.
Título original: Murder Duet. A Musical Case
A la memoria de mi padre, Zvi Mann
Los comentarios atribuidos a Theo van Gelden en el capítulo 13 se han tomado de una conferencia que Ariel Hirshfeld dio en julio de 1995 en el Centro de Música de Mishkenot Sha'ananim, Jerusalén.
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La Primera de BrahmsMientras colocaba el disco compacto en el reproductor y se disponía a pulsar el botón, Michael Ohayon creyó oír un llanto apagado. Revoloteó en el aire y se extinguió. Sin apenas prestarle atención, Michael permaneció en pie junto a la estantería y hojeó las notas que acompañaban a la grabación sin llegar a leerlas. Se preguntaba, distraído, si era adecuado romper la tranquilidad de la víspera de fiesta con el ominoso acorde inicial, tocado por la orquesta al completo sobre un retumbante fondo de timbales. Era la hora del crepúsculo, momento en que, ya a finales del verano, el aire comenzaba a tornarse más fresco y nítido. Se le ocurrió pensar que era muy discutible que las personas recurran a la música para evocar mundos dormidos en su interior. O que busquen en ella un noble eco de sus sentimientos o un medio de crear un estado de ánimo particular. Él estaba sumido en la niebla y el vacío, la calma de aquella víspera de fiesta era lo único que parecía abrazarlo. De ser cierto lo que se decía, reflexionó, no habría escogido aquella obra, que estaba a años luz de la placidez que precedía a las fiestas en Jerusalén.
La ciudad se había transformado enormemente desde que llegara a ella de niño para ingresar en un internado de estudiantes especialmente dotados. Michael había sido testigo de cómo dejaba de ser un lugar cerrado, replegado en sí mismo, austero y provinciano, para convertirse en una ciudad con pretensiones de metrópoli.
