

Lawrence Block
Un baile en el matadero
Matt Scudder, 9
Para Philip Friedman
AGRADECIMIENTOS
El autor se enorgullece de agradecer sus sustanciales contribuciones al Centro para las Artes Creativas de Virginia, donde comenzó este libro, y a la Fundación Ragdale, donde lo completó.
Si Dios castigase a los hombres
de acuerdo con sus merecimientos,
terminaría por no dejar ni una
sola bestia sobre la faz de la tierra.
El Corán
1
A mitad del quinto asalto el chaval del calzón azul le sacudió a su oponente un buen izquierdazo en la mandíbula, al que siguió un contundente directo de derecha a la cabeza.
– Va a caer -me dijo Mick Ballou.
Era cierto que lo parecía, pero cuando el de azul fue a rematarle, el otro logró esquivar su puñetazo justo a tiempo y consiguió, casi a tientas, hacerle un clinch. Mis ojos se cruzaron con los suyos antes de que el árbitro se interpusiera entre ambos púgiles. Los tenía borrosos, desenfocados.
– ¿Cuánto tiempo falta?
– Más de un minuto.
– Tiempo de sobra -me aseguró Mick-. Mira cómo tu chico se lleva a ese chaval por delante. Para ser tan pequeño, está fuerte como un toro.
En realidad, ninguno de los dos era tan pequeño. Eran pesos medios júnior, lo que supongo que les situaría en torno a los 70 kilos. Antes me sabía los límites de pesos para todas las categorías, pero ya no es tan fácil. Ahora se utiliza casi el doble de clasificaciones; hay júnior esto y súper aquello, y además se han creado tres consejos de administración diferentes, cada uno de los cuales proclama a su propio campeón. Sospecho que esta moda debió de comenzar cuando alguien se dio cuenta de que, de cara al público, era mucho más fácil promocionar encuentros por el título, y de hecho, estamos llegando a un punto en el que resulta raro ver algún combate que no sea precisamente eso.
