
Se acercó a la cámara y le dijo algo a Thurman. Él alargó una mano y le dio un azote en el culo. La chica ni siquiera pareció darse cuenta. Puede que él estuviera acostumbrado a tocar a las mujeres y ella a que la tocasen. O tal vez fuesen viejos amigos, aunque ella estaba muy pálida, así que no parecía probable que lo hubiera acompañado a Antigua.
La joven se bajó del ring, y él hizo lo propio en el mismo instante en que sonaba la campana. Los púgiles se levantaron de sus banquetas y dio comienzo el cuarto asalto.
Durante el primer minuto, Domínguez encajó un directo de derecha que le hizo un corte a Rasheed en el ojo izquierdo. Este, por su parte, se dedicó a lanzar puñetazos, fundamentalmente al torso de su contrincante; y hacia el final del asalto, le echó la cabeza hacia atrás con un magnífico uppercut. Domínguez respondió con un buen derechazo justo cuando sonaba la campana. No tenía ni idea de cómo iría el tanteo, y se lo comenté a Mick.
– Ni te molestes -dijo él-, no llega a diez.
– ¿Cuál te gusta más?
– El negro -contestó-, pero no estoy muy seguro de sus posibilidades. Ese Pedro es la hostia de fuerte.
Volví a echar un vistazo al hombre que estaba acompañado del chico.
– Ese tío de allí -señalé-, el que está en la primera fila, sentado junto al chaval. El de la chaqueta azul y la corbata de lunares.
– ¿Qué pasa con él?
– Creo que lo conozco -dije-, pero no sé de qué. ¿A ti te suena?
– En mi vida lo había visto.
– Es que no sé de qué lo conozco -insistí.
– Parece poli.
– No -aseguré-. ¿De verdad te lo parece?
– No digo que lo sea, digo que tiene pinta. ¿Sabes a quién se parece? A un actor que suele hacer de poli, no recuerdo su nombre. A ver si me sale.
