– Un actor que hace de poli. Menuda pista, todos hacen de poli.

– Gene Hackman -dijo él.

Volví a mirarlo.

– Hackman es mayor -afirmé-. Y está más delgado. Este tío está fuerte, y Hackman es más bien enjuto. Y además tiene más pelo, ¿no?

– Por Dios -me dijo-, no digo que sea Hackman, digo que se parece a él.

– Si fuese Hackman lo habrían llamado para saludar a cámara.

– Aunque hubiese sido su puto primo lo habrían llamado. Están desesperados.

– Bueno, en realidad tienes razón -le dije-. Sí que se parece.

– Hombre, no son como dos gotas de agua, pero…

– Pero sí se da un aire. Aunque no me resulta familiar por eso. Me pregunto de qué le conozco.

– Tal vez de alguna de tus reuniones.

– Es posible.

– Ya, pero lo que está bebiendo es cerveza. Si fuese uno de los tuyos no estaría tomando alcohol, ¿no?

– Probablemente no.

– Aunque no todos conseguís dejarlo, ¿verdad?

– No, todos no.

– Bueno, esperemos que sea Coca-Cola lo que tiene en ese vaso -dijo él-. O si es cerveza, recemos para que se la dé al chaval.


Domínguez se llevó el quinto asalto. Muchos de sus golpes más contundentes se perdieron en el aire, pero un par de ellos sí que alcanzaron a Rasheed y desde luego, le hicieron mucho daño, y, aunque se recuperó bastante al final, estaba claro que el asalto era para el púgil latino.

En el sexto, Rasheed recibió un directo de derecha en la mandíbula que lo mandó al suelo.

Fue un knockdown claro que hizo que la gente se pusiera en pie, pero Rasheed se incorporó cuando el árbitro había llegado a cinco, aunque concluyó la obligatoria cuenta de ocho; y cuando les indicó que reanudasen la pelea, Domínguez lo lanzó sobre las cuerdas sin perder un segundo. Rasheed se tambaleaba, pero demostró tener mucha clase. Se agachaba, esquivaba los puñetazos de su oponente, ganaba tiempo con clinches, y se defendía con gran valentía. El derribo se había producido bastante pronto, pero al final de los tres minutos reglamentarios, Rasheed volvía a estar de pie.



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