Cuando Mick regresó con dos vasos grandes de papel, todavía me estaba hablando de estrategias de boxeo. Uno de los vasos era de cerveza, y el otro de Coca-Cola.

– Toma -me dijo-, por si te entra sed. No me apetecía hacer toda esa cola para una sola cerveza.

– Chance, este es Mickey Ballou -le dije.

– Chance Coulter.

– Un placer -dijo Mick.

Aún no había dejado las bebidas, así que no pudo darle la mano.

– Aquí viene Domínguez -anunció Chance.

El boxeador bajaba por el pasillo rodeado por su comitiva. Llevaba una bata de un azul marino intenso con ribetes oscuros. Era un hombre bastante atractivo, con la cara alargada y la mandíbula cuadrada, además de un bigote negro muy cuidado. Sonrió, saludó a sus admiradores y después se subió al cuadrilátero.

– ¡Qué buen aspecto tiene! -admitió Chance-. Me parece que le va a dar mucho trabajo a Eldon.

– ¿Vas con el otro? -preguntó Mick.

– Sí. Eldon Rasheed. Aquí viene. Tal vez luego podamos tomar algo con él.

Le dije que me parecía muy bien. Chance volvió a su asiento, junto al rincón azul, y Mick me pasó los dos vasos para que se los aguantase mientras él se sentaba.

– «Eldon Rasheed contra Peter Domínguez» -leyó-. ¿De dónde sacarán estos nombres?

– Peter Domínguez es un nombre bastante corriente -le dije.

Me echó una mirada extrañada.

– Eldon Rasheed -pronunció, mientras el boxeador pasaba entre las cuerdas-. Bueno, si se tratase de un concurso de belleza, me temo que el ganador sería Pedro. A Rasheed parece que Dios le ha pegado en la cara con una pala.

– ¿Por qué iba Dios a hacer algo así?

– ¿Por qué hace la mitad de las cosas que hace? El que sí es bastante guapo es tu amigo Chance. ¿Cómo lo conociste?



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