
La maldición de la momia, una cómica imagen de la remotísima prehistoria de la humanidad. Rieron al mencionarla, rieron de alegría al descubrir el tesoro, pero aun así decidieron ser cautos. La expedición de Straum viviría allí entre uno y cinco años: programadores arqueólogos, con sus familias y escuelas. Entre uno y cinco años bastarían para confeccionar los protocolos, iniciar las investigaciones, situar el origen del tesoro en el tiempo y el espacio, aprender un par de secretos que enriquecerían al reino de Straumli. Y cuando hubieran terminado, venderían el emplazamiento: quizá construyeran una conexión a la red (aunque esto era más arriesgado; estaban mas allá del Allá, y nunca se sabía qué Poder podía adueñarse de lo que habían encontrado).
Fundaron una pequeña colonia en la superficie y la llamaron Laboratorio Alto. Eran sólo humanos jugando con una vieja biblioteca. Debería ser segura si utilizaban su propia automatización, limpia y benigna. Esta biblioteca no era una criatura viviente, ni siquiera estaba automatizada (lo cual aquí habría significado algo mucho más que humano). Mirarían, escogerían, seleccionarían y se cuidarían de no quemarse. Humanos encendiendo fuegos y jugando con las llamas.
El archivo informó a la automatización. Se construyeron estructuras de datos, se elaboraron fórmulas. Se construyó una red local, más rápida que cualquier red de Straum, pero bien segura. Se añadieron módulos, se modificaron con otras fórmulas. El archivo era un entorno amigable, con claves jerárquicas de traducción que guiaban a los investigadores. Haría famoso a Straum.
Pasaron seis meses. Un año.
