El punto de vista omnisciente. Pero no autoconsciente. A veces se exagera la importancia de la autoconciencia. La mayoría de las automatizaciones operan mucho mejor como parte de una totalidad y, aunque posean una capacidad equivalente a la humana, no necesitan autoconocerse.

Pero la red local del Laboratorio Alto había trascendido casi sin que los humanos lo advirtieran. Los procesos que circulaban por sus nodos eran mucho más complejos que cualquier cosa que pudiera vivir en los ordenadores que habían llevado los humanos. Esos débiles dispositivos ahora eran meras terminaciones de los dispositivos que sugerían las fórmulas. Los procesos tenían potencial para la autoconsciencia, y a veces la necesitaban.

—No deberíamos.

—¿Hablar así?

—No deberíamos hablar siquiera.

El enlace que les unía era un hilillo que apenas superaba el angosto vínculo que conecta a un humano con otro. Pero les permitía escapar de la estructura de la red local, y les impuso una conciencia aparte. Vagaban de nodo en nodo, miraban desde cámaras montadas en la pista de aterrizaje. Allí sólo descansaban una fragata armada y un contenedor vacío. Habían pasado seis meses desde el reabastecimiento. Una medida de seguridad sugerida por el archivo, un ardid para activar la Trampa. Rápido, rápido. Somos animales salvajes. La estructura, el Poder que pronto será, no debe vernos. En algunos nodos empequeñecieron y casi recordaron la humanidad, se tornaron ecos…

—Pobres humanos, todos morirán.

—Pobres de nosotros, que no moriremos.

—Creo que sospechan. Sjana y Arne, al menos.

En otro tiempo éramos copias de esos dos. En esa época, hace sólo semanas, cuando los arqueólogos iniciaron los programas ego.

—Claro que sospechan. Pero ¿qué pueden hacer? Han despertado una vieja maldad. Mientras se prepara, les transmitirá mentiras, en cada cámara, en cada mensaje del exterior.

El pensamiento cesó un instante cuando una sombra atravesó los nodos que utilizaban. La estructura ya superaba cualquier cosa humana, superaba cualquier cosa que los humanos pudieran imaginar. Incluso esa sombra era más que humana, un dios en busca de animales salvajes que pudieran molestarlo.



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