
– Y aunque nos lo concediera, mamá no podría pagarlo -puntualizó-. Ya no queda nada que podamos vender.
Los pocos muebles y joyas valiosas de la familia se habían vendido para intentar sostener las finanzas de su madre. En cuanto a la casa, estaba hipotecada desde que Jenny la utilizó para conseguir la suma necesaria para abrir una tienda en el pueblo: ahora la casa estaba en venta, pero los tiempos eran difíciles y nadie la compraba.
En el silencio incómodo que siguió. Alissa se levantó del asiento.
– Está lloviendo. Le prometí a mamá que iría a buscarla si empezaba a llover -declaró.
Salió de la casa, se subió al coche destartalado de su madre y arrancó. Cuando aparcó el vehículo delante de la tienda, vio que una morena muy atractiva salía del establecimiento con un paraguas amarillo. Al reconocerla, le saltaron todas las alarmas. Era Maggie Lines, la novia de su padre.
Caminó a toda prisa hasta la puerta y entró.
– ¿Qué estaba haciendo esa mujer aquí?
Su madre tenía los ojos llorosos. Le temblaban las manos y estaba muy tensa.
– Ha venido a hablar conmigo. Me ha dicho que no se atrevía a pasar por casa… pero al menos ha tenido la delicadeza de esperar a la hora de cierre.
Alissa maldijo para sus adentros la cortesía de Jenny. Le parecía increíble que fuera tan amable con Maggie.
– No tienes por qué hablar con ella. Es asunto de papá, no tuyo, y debería mantenerse bien lejos de lo que no le concierne.
– Ha dicho que nuestra disputa legal sólo servirá para que los abogados nos cobren más a todos -murmuró.
– ¿Eso ha dicho? ¿Y qué quería exactamente?
– Dinero. Lo que todavía lo debo a tu padre -respondió-. Y me temo que tiene razón… el tiene derecho a una parte de la tienda y de la casa. Pero, ¿qué puedo hacer? No me queda nada.
