
De repente, Alissa se sintió como si hubieran vuelto al pasado. De niñas, Alexa se metía constantemente en líos y ella siempre tenía que sacarla de ellos. Más de una vez había cargado con sus culpas, y aunque fuera la menos atrevida de las dos, también era la más fuerte y la menos propensa a desesperarse cuando las cosas iban mal. Alexa podía resultar sorprendentemente frágil.
– Bueno, Harry no tiene por qué enterarse… -comentó.
Alexa suspiró, aliviada.
– Mira, Allie, si no te presentas y te casas con ese ruso, tendré que devolver el dinero y no lo tengo. ¿Crees que un hombre como Sergei Antonovich va a permitir que le engañe?
– ¿Sergei Antonovich? ¿El multimillonario ruso? -preguntó Alissa, consternada-. Por Dios, pero si siempre está rodeado de actrices y supermodelos… ¿Por qué querría pagar a una desconocida para que se case con él?
– Porque estuvo casado y no salió bien. Esta vez quiere un matrimonio de conveniencia, con todo atado y bien atado -explicó-. Pero no sé nada más… sólo sé lo que me dijo el abogado. Comentó que no deja de ser una simple oferta de empleo; tal vez extraña, pero una oferta de trabajo en cualquier caso.
– ¿Un trabajo? -dijo Alissa, mirándola con desaprobación.
– Si te casas con Antonovich, yo podré casarme con Harry, nos quedaremos el dinero y mamá volverá a ser la de ames. El ruso no me ha visto todavía, de modo que no puede saber que no eres la mujer que eligió…
– Eso no importa, Alexa. Esto es una locura. Por muchas razones que me des, no puedo aceptar.
– Presenté la instancia con tu nombre -le recordó-. Si incumples el contrato, los abogados de Antonovich no me denunciarán a mí, sino a ti.
Alissa no perdía la calma con facilidad, pero estalló.
– ¡Me da igual lo que hicieras! ¡Yo no firmé ningún contrato!
– Es lo mismo, porque puse tu firma -le informó-. Lo siento, pero estás metida en esto hasta el cuello. Además, puedes tomártelo como si te hubiera tocado la lotería… nunca devolverías el premio. Y no hay otra forma de salvar la casa de mamá. Ningún banco nos concedería un crédito.
