– Lo siento -dijo Gray.

– Sí, yo también -suspiró-. Durante esos tres meses no hizo más que pensar en Jack y Alice. Me hizo prometer que le diría a Jack cuánto lo había amado y que le pidiera que se hiciera cargo de educar a su hija. Quería que Alice creciera con su padre en el lugar en el que ella había sido tan feliz.

– ¿Y se lo prometió?

– Sí. Por eso estoy aquí.

Gray se puso de pie y fue a apoyarse contra la barandilla, la mirada perdida en el infinito.

– No es que no le crea, entiéndame -dijo tras un momento de silencio-, pero, ¿puede probar que Alice es hija de Jack?

– ¿Y por qué iba a inventármelo? -le preguntó, sorprendida.

Se volvió para mirarla, apoyado contra la barandilla, con los brazos cruzados.

– ¿Tal vez por dinero? -sugirió, con una mirada cínica.

– ¿De qué dinero me habla? ¡Por lo que me contó Pippa, no es que vivan en el más puro lujo asiático en Bushman's Creek!

– No, pero entre mi hermano y yo poseemos una cantidad considerable de tierras y Alice, como hija de Jack, podría reclamar su parte.

Clare no daba crédito a sus oídos.

– ¡No me interesan sus tierras! -le dijo con los ojos brillantes de furia-. ¿Quién se cree que soy?

– El problema es que no lo sé -le dijo, con una calma que la irritaba todavía más-. Hasta anoche no había oído hablar nunca de usted ni de su hermana, y ahora espera que me crea que mi hermano es el padre de una criatura de la que no sabe nada. ¿Cómo sé que está diciendo la verdad?

– Por la fotogra… -empezó a decir, pero él la interrumpió.



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