
Gray había estado escuchando en silencio, inclinado hacia delante, con el sombrero entre las rodillas, pero al oír aquello levantó la vista.
– ¿Por qué no se puso en contacto con Jack en cuanto lo supo?
– Traté de convencerla para que al menos le escribiera, pero no lo conseguí -miró a Alice y vio que seguía mordisqueando tranquilamente su juguete y estaba babeando. Sacó un pañuelo de su bolso, la limpió y continuó-: Pippa estaba todavía dolida por la discusión. Además habían pasado dos meses desde su partida y no había recibido noticia alguna de Jack, así que asumió que ya no le interesaba y era demasiado orgullosa como para pedirle ayuda. Pensó que si le contaba lo del bebé se sentiría presionado a tener una relación que no deseaba. El nacimiento de Alice le hizo, a mi entender, darse cuenta, sin embargo, de cuánto lo amaba todavía -Clare siguió hablando muy despacio-, de que aquello era algo que debían haber compartido, así que decidió regresar a Australia con la niña y ver si Jack y ella podían volver a ser felices juntos, pero… -sintió que se le quebraba la voz y respiró profundamente-, pero un par de meses después del nacimiento de Alice, Pippa se encontró un bulto. Le diagnosticaron cáncer, y… bueno, no tuvo suerte. No pudieron hacer nada por ella. Todo fue muy rápido -el dolor le oscureció los ojos-. Murió a los tres meses.
