
– Bushman's Creek no es un lugar apropiado para usted y la niña.
– ¿Acaso quiere hacerme creer que no hay mujeres y niños allí?
– Estoy tratando de decirle que las condiciones de vida que tenemos no se parecen en nada a aquellas a las que usted está acostumbrada. Se tarda casi cuarenta minutos de avión en llegar desde aquí y después dos horas de carretera. En la época de lluvias, tan solo se puede acceder por aire. Estará muy lejos de tiendas, médicos y otras cosas a las que está acostumbrada y la verdad es que además en este momento no tengo tiempo para ocuparme de usted. Nos encontramos en una de las épocas de mayor trabajo del año.
»Tengo quince mil cabezas de ganado por ahí -continuó, al tiempo que señalaba con la cabeza el horizonte-. Debo reunirías y prepararlas para la venta en el mercado de ganado. La última gobernanta se marchó hace varias semanas y nadie se ha encargado de la limpieza desde entonces. Hacemos las comidas por turnos y la manera más amable de definirlas es como «básicas» -movió la cabeza de un lado a otro-. Creo que nuestro modo de vida le parecería demasiado incómodo. Si de verdad quiere quedarse a esperar a Jack, le aconsejo que se vaya con la niña a uno de esos lugares turísticos de la costa.
– No creo que me lo pueda permitir tampoco -Clare enrojeció al tener que admitir lo precaria que era su situación económica-. Tengo un buen trabajo en mi país, pero Pippa no tenía nada ahorrado y se gasta mucho dinero con los bebés. Además durante la enfermedad de mi hermana pedí días sin sueldo para atenderla y me gasté todos mis ahorros. Los billetes de avión los pagué con la tarjeta de crédito, así que no puedo permitirme pagar un hotel ni alquilar una casa hasta que aparezca Jack. Además -continuó con valentía-, me parece que podría serle de utilidad.
La mirada de Gray la recorrió de arriba abajo: desde los pendientes, pasando por el sencillo pero estiloso vestido hasta las elegantes sandalias.
