
– Estoy hablando de dureza física, y en este momento no me parece muy dura -le dirigió una mirada crítica-. Me da la sensación de que está a punto de desmoronarse.
– Es por el largo viaje de avión y la diferencia horaria -le dijo, mientras se preguntaba por qué seguía sintiendo las manos quemándole donde él la había tocado-. Llegamos a Australia ayer por la mañana y no he podido descansar mucho desde entonces. Cuando consiga dormir una noche entera volveré a encontrarme bien. Mire -le dijo, al ver que no parecía muy convencido-, puede que no sea su gobernanta ideal, pero usted mismo ha dicho que no tiene tiempo para buscar a nadie más y estoy dispuesta a trabajar duro para pagar mi alojamiento. No molestaré. De hecho me vendrá bien estar ocupada para no pensar demasiado. Ha sido muy franco al hablarme de las condiciones de vida de la hacienda, y no voy a decirle que me va a gustar como a Pippa, porque somos muy diferentes y nunca me ha gustado el trabajo duro, pero haré lo que haga falta para ir a Bushman's Creek.
– ¿Por qué está tan deseosa de ir, si cree que no le va a gustar? -le preguntó.
– Porque no me puedo permitir nada más -le respondió Clare, al tiempo que se retiraba el cabello detrás de la oreja-, porque deseo ver ese lugar donde Pippa fue tan feliz y, si las condiciones de vida son tan poco apropiadas como usted dice, tal vez no pueda dejar allí a Alice. Debo verlo por mí misma. Y si es un sitio donde la niña puede crecer segura y feliz, tengo que ayudarla a acostumbrarse mientras esperamos el regreso de Jack; y para serle franca, porque quiero parar durante un tiempo, parar de viajar, de pensar, simplemente… parar.
– Si la dejo venir, no quiero que dé nada por supuesto -le advirtió Gray-. Será Jack quien tome la decisión oportuna acerca de Alice. Nadie más lo puede hacer por él.
– Lo sé -Clare trató de sonreír-. Por favor…
– ¡Muy bien! ¡Muy bien! -le dijo, casi irritado-. Puede venir… pero con una condición.
