
Clare no pudo evitar reírse. Sabía que podía ser pasión de tía, pero Alice le parecía una cría preciosa, regordeta y sonrosada, de pelo rubio y hermosos ojos castaños. Seguramente ni Gray podría resistirse a ella.
Lo miró y se tranquilizó al ver que observaba a la niña divertido. La sonrisa que se adivinaba en sus ojos lo hacía, de repente, más abordable. Volvió a hacerle cosquillas hasta que Alice se echó a reír a carcajadas. Clare no pudo evitar pensar que aquel hombre era mucho más atractivo de lo que le había parecido en un principio.
– ¿Qué tiempo tiene? -le preguntó.
Clare se sintió desilusionada al ver que cuando la miraba a ella la sonrisa divertida desaparecía de sus ojos.
– Seis meses. Bueno, en realidad, casi siete.
Levantó a Alice de sus rodillas y la colocó en su sillita, acallando sus protestas con un conejo de goma que estaba ya tan chupado y mordido que conservaba poco de su forma y facciones originales. Al ver que Gray echaba un vistazo al reloj, decidió que había llegado el momento de hablar del asunto que los ocupaba.
– Me imagino que se estará preguntando qué estamos haciendo aquí.
– Por teléfono me dijo que quería ver a Jack -aunque su expresión seguía sin delatar sentimiento alguno, el tono de su voz dejaba traslucir cierta cautela-, pero no dijo nada de un bebé.
– No -admitió-. Como ya le dije es un asunto difícil de tratar por teléfono, así que pensé que era mejor hablarlo cara a cara.
– Bueno, pues ahora que estamos cara a cara, tal vez podría decirme qué es lo que quiere -le dijo Gray, con frialdad.
Clare dudó.
– La verdad es que a quien necesito ver es a Jack. ¿Tiene idea de cuándo va a regresar?
– Dentro de un mes… Tal vez seis semanas.
A Gray parecía no preocuparle en absoluto la vaguedad de los planes de su hermano. Clare lo miró con desesperación. Esperaba que le dijera que iba a regresar pronto, y no iba a volver hasta dentro de un mes.
