
– Y también podría ser tu última oportunidad de hacer algo que llevas toda la vida soñando.
Ambos sabían que tenía razón.
– Aun así, sería una decisión equivocada. No voy a sacrificar a mi familia para trabajar en una película. No merece la pena.
– Si puedes venir los fines de semana, ¿por qué no? Además, las niñas nunca están en casa, se pasan la vida con sus amigos o en sus actividades deportivas. Creo que podría organizarme. Haríamos turnos para cocinar, y los viernes por la noche tú estarías de vuelta. A lo mejor podrías volar el lunes a primera hora. ¿Tan horrible te parece? Además, son solo unos meses, ¿no?
No cabía ninguna duda de que Peter estaba dispuesto a aceptar la situación. A Tanya se le llenaron los ojos de lágrimas. Era tan bueno con ella, tan honesto… A pesar de su generoso consentimiento, Tanya no quería marcharse. Podía ser muy duro para ambos.
– Cinco meses de rodaje, dos de preproducción y un mes o dos de posproducción, es decir, un total de ocho o nueve meses, lo que equivale a todo un curso escolar. Es mucho pedir, Peter. Te quiero más que nunca por permitírmelo, pero no puedo.
– Quizá sí que puedes -dijo él meditabundo. No quería privarla de algo que siempre había deseado con todas sus fuerzas.
– ¿Cómo? Para ti no es justo, yo te echaría terriblemente de menos y las chicas me matarían. Es su último año. Debo estar aquí, y quiero estar.
– Yo también te echaría de menos -dijo Peter con sinceridad-, pero quizá, por una vez en la vida, las chicas tengan que conformarse. Siempre estás aquí, dispuesta para cualquier cosa que te pidan. Para variar, no les vendría mal tener que ser un poco más independientes. Y a mí tampoco. Tanya, no quiero que te pierdas algo así. Quizá no vuelva a surgir otra oportunidad y no puedes dejarla pasar sin más.
