– ¿Otro libro de cuentos?

Tanya negó con la cabeza y respiró hondo de nuevo.

– Cine, una película. Al productor le gusta mi trabajo. Parece ser que es adicto a las telenovelas. El caso es que ha llamado a Walt y quería saber si yo podría escribir el guión.

Intentaba hablar en tono desenfadado, pero Peter le lanzó una mirada de sorpresa desde el otro lado de la mesa.

– ¿Te ha ofrecido escribir el guión para una película? -preguntó con la misma incredulidad que había sentido Tanya el día anterior-. ¿Y no lo quieres? ¿Qué pasa? ¿Es una película porno?

Era la única razón por la que Tanya rechazaría escribir el guión de una película. Era el sueño de su vida. No podía rechazar algo que llevaba soñando desde siempre.

– No -contestó Tanya riéndose-, hasta donde yo sé, no es porno. Bueno, o quizá sí.

Volvió a ponerse seria y, mirándole a los ojos, añadió:

– Simplemente, no puedo.

– ¿Por qué no? No se me ocurre una sola razón por la que quieras rechazarlo. ¿Qué ha ocurrido? -preguntó Peter sabiendo que tenía que haber algo más.

– No puedo -dijo ella sin disimular la tristeza pero procurando no hacerse la interesante.

No quería que Peter se sintiese culpable por su negativa, puesto que era un sacrificio que ella deseaba hacer. En realidad, el sacrificio habría sido tener que ir a Los Ángeles. No quería separarse ni de él ni de las niñas.

– ¿Por qué no puedes? Explícamelo.

Se quedó sentado al otro lado de la mesa estudiándola con la mirada y Tanya supo que no iba a moverse hasta que se lo explicase.

– Tendría que residir en Los Ángeles durante el rodaje y solo podría venir a casa los fines de semana. No me apetece vivir así. Todos nos sentiríamos fatal; además, no voy a estar yo allí y vosotros aquí. Es el último año que las niñas van a estar en casa.



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