Molly estaba pensando en ir a alguna universidad del Este o tal vez a una escuela de California donde pudiera desarrollar su vena artística. Caso de quedarse en el Oeste, había considerado seriamente matricularse en la Universidad de California en Los Ángeles. Las mellizas estaban muy unidas pero también estaban convencidas de que no debían ir a la misma universidad. Habían ido siempre a la misma clase y al mismo colegio y, en aquel momento, ambas estaban preparadas para seguir cada una su camino. Sus padres consideraban que era una actitud beneficiosa y Peter animaba a Molly para que se decidiese a pedir plaza en alguna de las excelentes universidades de la Ivy League. Sus calificaciones eran más que suficientes y su padre creía que se desenvolvería bien en un ambiente académico de máxima exigencia. Así que Molly le estaba dando vueltas a la posibilidad de ir a Brown. Allí podría diseñar un programa de créditos de fotografía a su medida. Otra posibilidad era ir a la escuela de cine de la Universidad de California. Los tres hermanos Harris habían sido alumnos brillantes en el colegio.

Tanya estaba orgullosa de sus hijos, amaba a su marido, disfrutaba de su vida y, a lo largo de sus veinte años de matrimonio, había crecido como persona. Desde su boda con Peter, justo al acabar los estudios universitarios, los años habían volado como si fueran segundos. Cuando se casaron, él acababa de licenciarse en derecho por la Universidad de Stanford y ya había entrado en el despacho de abogados donde todavía seguía trabajando. Prácticamente todo en sus vidas había salido según lo previsto. No había habido grandes sobresaltos, sorpresas o desilusiones en su matrimonio. Tampoco traumas con ninguno de los tres chicos cuando entraron en la adolescencia. A Tanya y a Peter les gustaba pasar mucho tiempo con Jason, Megan y Molly. No había reproches y eran muy conscientes de lo afortunados que eran.



3 из 336