El aguacero no logra espantar a la gente. Al fin y al cabo, es lo adecuado, dada la advocación de la Virgen. De hecho, la lluvia sobre la procesión no hace sino reafirmar la bendición celeste sobre la ciudad. Además la mayor parte de esas personas lleva horas en la calle. Muchas aguardan incluso desde la noche anterior, y ahora, después de tanta espera, no están dispuestas a irse. Las primeras llegaron cuando las campanas del convento de las agustinas daban las ocho, y atardecía. Más allá de la colina del Paraíso, al otro extremo de la playa, se habían acumulado unas nubes densas que presagiaban el agua del día siguiente. Las acompañaba la falsa placidez del mar, oscuro ya y tranquilo como un animal al borde del sueño, rítmica la respiración. A pesar del augurio, la gente siguió acudiendo, con la pretensión de ocupar las primeras filas. Traían mantas, algo de comer y aquel extraño anhelo en las miradas, el ansia de acecharse, vigilarse, espiar en los ojos de los otros la sinceridad o el fingimiento, mezclado al afán de exhibir en los propios la fe o el disimulo.

Esta mañana todos pretenden ser los más devotos, los más agradecidos al dar la bienvenida a la Virgen de la Lluvia, que regresa a su santuario en las montañas después de haber vivido casi tres años en una embajada del extranjero, protegida contra las furias. Vuelve ahora -más virgen y pura y santa que nunca- transportada en un camión militar entre nubes de estofas y cartón hasta la linde de la provincia, y desde allí a pie, por caminos y carreteras, a través de los pueblos y las ciudades. Multitudes emocionadas y lloronas reciben la comitiva, y se arrodillan al paso solemne de aquella madre gloriosa, la misma que ha dirigido desde los cielos el caminar de los soldados que lucharon en su nombre y la trayectoria de sus balas y de sus bombas, igual que la diosa Atenea dirigió los mandobles de los aqueos en la lejana guerra de Troya.

A medida que transcurre la mañana, las gentes se apelotonan expectantes en las aceras, cerrándose el paso las unas a las otras.



2 из 149