– Eh, anímate -le dijo Angela al ver la expresión de su rostro-. Estás a punto de pasar un fin de semana con el soltero más cotizado de Australia.

Era verdad, pero lo más triste era que no deseaba ir. Igual que Sam, Molly había cerrado todas las puertas. Desde la muerte de Sarah, veía el mundo como un lugar peligroso. Los periódicos solo publicaban malas noticias, los programas de la televisión eran amenazantes… y si para ella era así, ¿cómo sería para un niño que lo había perdido todo?

– ¿La rana está bien? -preguntó Angela.

– Parece que sí.

– Gracias a Jackson.

– Si no hubiera sido por Jackson, Lionel no estaría herida.

Pero Angela estaba dispuesta a defenderlo.

– Fue el abogado de Jackson quien la hirió. Jackson fue muy amable.

– Ese hombre es peligroso. Tiene una reputación que deja a Casanova por los suelos.

– Qué suerte tienes -suspiró Angela con dramatismo-. Mi Guy es muy aburrido.

– Lo aburrido es más seguro.

– Ahora, por eso… -Angela entró en el salón de Molly con sus zapatos de tacón y se dejó caer en una silla-…, por eso estoy aquí. Para evitar que estés aburrida. Volviendo a mi pregunta original: ¿no vas a pedírmelo, verdad?

– ¿El qué?

– Que vaya de acompañante.

– No.

– Vas a llevarte a Sam, ¿verdad?

– Verdad.

Angela respiró hondo.

– Bueno, he decidido perdonarte por no llevarme contigo. Aunque no sé por qué lo he hecho. Porque conmigo allí no tendrías tiempo ni de abrir la boca. Tardaría dos segundos en deslumbrar a ese hombre.

– Pero tú tienes a Guy. Tu novio, ¿recuerdas?

Angela sonrió.

– Así es. Tengo a Guy, y nobleza es mi segundo nombre…

– ¡Oh, por favor!

– No me interrumpas cuando trato de actuar con nobleza. He decidido ofrecerte mis servicios como niñera. Por Sam. Y por Lionel -sonrió-. ¿Qué te parece?



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