– Muy noble por tu parte -Molly hizo una mueca. Le dolía la mano, estaba muy cansada y tenía un montón de trabajo que terminar antes de irse a la cama. Y lo que le sugería su amiga era imposible-. Angela, gracias por tu oferta, pero sabes que no puedo dejar a Sam.

– Conmigo estará bien.

– Se comportará de manera estoica. Siempre se comporta así, y me rompe el corazón.

– Comparte su cuidado. Yo también quiero al chico, ¿sabes?

– Ya lo sé -Angela tenía un gran corazón-. Pero, Angie, solo le queda un pequeño hueco en su corazón para querer a alguien, y es para mí. Y es solo porque me parezco a su madre.

– ¿Y eso dónde te coloca?

– Aquí. Junto a él. Donde yo quiero estar.

– ¿Y qué vas a hacer ahora?

– Irme a la cama -era mentira. Molly tenía que llamar a Hannah Copeland para obtener los detalles de la finca, leer todo lo posible sobre el lugar y preparar el Artículo Treinta y dos. Pero si se lo contaba a Angela, ella lo dejaría todo para ayudarla.

– Solo son las nueve.

– Estoy herida.

– No tan herida. Ven a la fiesta.

– ¿Y dejar a Sam? No tengo elección, Angie, así que déjalo.

Angela miró a su amiga.

– Es tan injusto.

– La vida no es justa.

– Debería serlo. ¿Estás segura de que no cambiarás de opinión acerca de ir sola? ¿Deja a Sam conmigo solo por esta vez?

– Estoy segura.

– Entonces, el domingo por la noche vendré a que me lo cuentes todo. Sin olvidarte de nada.

– Tú y Trevor, los dos. Él ya me ha pedido que le haga un informe el domingo por la noche.

– Lo harás -Angela dudó un instante-. Sabes… -le cambió la cara y Molly supo lo que iba a decir. No conseguiría nada con ello.

– Angela, no.

– ¿No qué?

– No trates de solucionar los problemas del mundo -Molly empujó a su amiga hacia la puerta-. Vamos, vuelve con Guy.



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