
– Estoy seguro de ello -dijo él con frialdad, pero impresionado. Ella había hecho sus deberes.
– No hay ninguna otra propiedad como esta en el mercado australiano -le dijo ella-. No sé para qué quiere este Sitio… pero sea para lo que sea, estoy segura de que Birranginbil cubrirá sus necesidades.
– ¿Birranginbil?
– ¿No sabe que Birranginbil es el nombre de la granja? -sonrió ella-. Ahora, pregúnteme por qué no lo he puesto en letras grandes al principio de la presentación que le he entregado.
Él la miró pensativo, Parecía que tenía mucha seguridad en sí misma y, de pronto, se le ocurrió que Molly estaba haciendo algo que le encantaba. A pesar de que Trevor fuera espantoso, la mujer que trabajaba con él era una auténtica profesional.
Jackson sonrió y se unió al juego.
– Bueno, dígame lo que significa.
– Lugar de sanguijuelas -se rió al ver la expresión de su rostro, y la de Sam-. ¡No me diga que tiene miedo de unas pocas sanguijuelas! -ella rebuscó en su bolso y sacó una pequeña lata-. Hay que ir preparado. Eso es lo que nos enseñaron en la escuela de venta inmobiliaria. Sal. Si hay sanguijuelas, con esto estoy preparada para enfrentarme a ellas.
– ¡Guau! -él estaba cada vez más impresionado. ¡Era muy buena vendedora!
– ¿De verdad que hay sanguijuelas? -preguntó Sam con voz temblorosa y Molly lo abrazó.
– Sí, pero solo en lo profundo del pantano. Los estuarios de alrededor de la playa están limpios, y los embalses que hay cerca de la casa son perfectos para nadar.
– ¿Y para las ranas? -preguntó Jackson, y Molly arqueó las cejas. Ella sonrió, agradecida de que él tratara de que Sam se sintiera incluido.
– Estoy segura de que para las ranas es un buen lugar.
