– La inmensa mayoría de los loros de aquí son ya mayores, pero hace poco una pareja más joven anidó en el jardín y tuvo una nueva generación – le explicó Murat.

– Ya no hay mujeres en el harén, así que ¿para qué seguís teniendo loros?

Murat se encogió de hombros.

– A veces cuesta cambiar las costumbres. En cualquier caso, no creo que te interese lo más mínimo hablar de las nuestras. Supongo que querrás hacerme algunas preguntas.

Daphne asintió.

– ¿Qué vas a hacer con Brittany?

– Nada.

– ¿No vas a ordenar que tu avión dé la vuelta?

– No. A pesar de la idea que tienes de mí, no voy a forzar a mi prometida a que se case conmigo. Vendrá por su propia voluntad.

– Te equivocas. Brittany no se va a casar contigo.

Murat la miró con desinterés.

– ¿Cuánto tiempo me vas a retener aquí? – quiso saber Daphne.

– Todavía no lo he decidido -contestó Murat.

– Mi familia acudirá en mi rescate. Por si no lo sabes, tienen mucho poder político.

Murat no parecía impresionado en absoluto.

– Lo único que sé de tu familia es que sigue siendo tan ambiciosa como antes, tal y como demuestra que tu hermana quiera que una Snowden se case con el príncipe heredero de Bahania.

Daphne sabía que era cierto.

– Yo no soy como ellos.

– Te creo -contestó Murat-. La cena se sirve a las siete. Por favor, vístete adecuadamente.

– ¿Y si no quiero cenar contigo? -rió Daphne.

– No tienes opción -contestó Murat-. En cualquier caso, quieres cenar conmigo. Tienes muchas preguntas que hacerme. Lo veo en tus ojos.

Y, dicho aquello, se giró y se fue.

– Qué hombre tan molesto -murmuró Daphne una vez a solas.

Lo peor era que tenía razón. Tenía un montón de preguntas y, lo que era todavía peor, un deseo implacable de cerrar lo que había quedado sin terminar entre ellos.

A pesar de que había pasado mucho tiempo y de que Murat había cambiado, Daphne no había perdido ni un ápice de interés por el único hombre al que había amado.



14 из 128