Lo había amado tanto, con tanta devoción, que lo único que la hubiera podido obligar a irse habría sido descubrir que él no la amaba, y eso fue precisamente lo que sucedió.

– No pienses en eso -se dijo Daphne apartándose del espejo y saliendo del baño.

Al volver al salón principal, vio que la cena ya estaba servida y que Murat la estaba esperando.

– Llegas pronto -la saludó sonriendo.

– Lo he hecho adrede -contestó Daphne -. Quería ver cómo se servía la cena.

– Qué divertido…

– No es divertido cuando se entra por la puerta normal, pero cuando puede que haya un pasadizo secreto…

– Ah, ¿lo dices porque te quieres escapar? -dijo Murat enarcando una ceja-. No te va a resultar fácil. Te recuerdo que por aquí nos gusta mantener cautivas a las mujeres guapas.

– ¿Me estás diciendo que vas a hacer todo lo posible para que no encuentre los pasadizos secretos?

– No, lo que te estoy diciendo es que la puerta principal no se puede abrir desde dentro del harén, sólo desde fuera -contestó Murat acercándose al carrito de las bebidas.

Una vez allí, agarró una botella de champán y miró a Daphne, que asintió.

– No me sorprende que la puerta no se pueda abrir desde dentro. ¿De verdad no hay ninguna otra manera de salir de aquí? -comentó.

– ¿Por qué ibas a querer irte? -preguntó Murat abriendo la botella y sirviendo dos copas.

– Porque no me gusta ser prisionera de nadie -contestó Daphne aceptando una.

– Pero si estás en el paraíso.

– ¿Quieres que te cambie el sitio?

Murat la miró divertido.

– Veo que no has cambiado. Cuando te conocí decías todo lo que se te pasaba por la cabeza y sigues haciéndolo.

– ¿Me estás diciendo que no he aprendido a estar en mi lugar?

– Exactamente.

– Me gusta pensar que estoy en mi lugar siempre que quiero.

– Qué típico de las mujeres -contestó Murat alzando su copa-. Quiero brindar por nuestro pasado en común y por lo que el futuro pueda depararnos.



17 из 128