Daphne lo había dicho con naturalidad, como si lo que su familia esperara de ella no le importara lo más mínimo, pero Murat detectó dolor en sus ojos. Dolor por no cumplir con sus expectativas, dolor porque su familia no la aceptara tal y como era.

Daphne siempre había sido una mujer testaruda, voluntariosa y orgullosa y, por lo que se veía, nada de eso había cambiado. Su físico sí lo había hecho. Ahora tenía el rostro más delgado y los rasgos más definidos. Mientras que con veinte años había sido una belleza en ciernes, ahora era una belleza en todo su esplendor. Además, era una mujer muy segura de sí misma, algo que agradaba mucho a Murat.

– Durante los últimos dos años he estado estudiando psicología canina -le confío Daphne muy contenta.

– Nunca había oído hablar de eso.

– Te encantaría. Estudiamos por qué los animales actúan como lo hacen, qué circunstancias combinadas con su personalidad los hacen actuar, por ejemplo, de manera agresiva, comerse los muebles o no aceptar a un recién nacido.

Murat no se podía creer que aquella información estuviera al alcance de los humanos.

– ¿A eso te dedicas actualmente?

– Más o menos. He aprendido cosas muy interesantes para domesticar a los machos dominantes -comentó Daphne divertida-. Me parece que algunas de esas técnicas me van a venir muy bien para domesticarte a ti.

– ¿Y para qué quieres domesticarme? Yo creo que ninguno de los dos queremos que me domestiques.

– No sé… -balbuceó Daphne.

– Pues yo, sí.

– Pareces muy seguro de ti mismo.

– Ventajas de ser el macho dominante.

Daphne se quedó mirándolo intensamente. En ese momento, Murat sintió que la deseaba con todo su cuerpo y se sorprendió. ¿Después de tanto tiempo? Siempre se había preguntado qué ocurriría si la volviera a ver, pero no esperaba sentir aquella desesperada necesidad de tocarla, de besarla, de tomarla.



21 из 128