
Kenan volvió al coche trotando y se apoyó en él.
– Veterans Avenue -dijo.
– No la conozco.
– Está entre Flatlands y Mili Basin, por aquella zona. El individuo me dio instrucciones. De Farragut a Flatbush y de Flatbush a Avenue N, y por aquí derecho a Veterans Avenue.
– ¿Y después qué pasa?
– Otro teléfono público en el cruce de Veterans con la Calle 66 Oeste.
– ¿Por qué tantas vueltas?
– Para volvernos locos. Para asegurarse de que no tenemos ningún apoyo. No sé, Petey. Tal vez sólo estén tratando de rompernos las pelotas.
– Y lo están logrando.
Kenan subió por el lado del pasajero. Peter repitió:
– De Farragut a Flatbush, de Flatbush a N. Habrá que doblar a la derecha en Flatbush, y luego creo que a la izquierda en N. ¿Cuánto tiempo tenemos?
– No lo dijeron. Me parece que no fijaron una hora. Dijeron que nos diéramos prisa.
– Supongo que no nos vamos a detener para tomar un café.
– No -dijo Kenan-. Supongo que no.
La rutina fue la misma en el cruce de Veterans con la 66. Peter esperó en el coche. Kenan fue al teléfono, que sonó casi inmediatamente.
– Muy bien -explicó el secuestrador-. No ha tardado mucho.
– ¿Y ahora qué?
– ¿Dónde está el dinero?
– En el asiento trasero. En dos bolsas de basura, tal como usted dijo.
– Bien. Ahora quiero que usted y su hermano vayan por la 66 hasta Avenue M.
– ¿Quiere que vayamos hasta allí?
– Sí.
– ¿Con el dinero?
– No, dejen el dinero exactamente donde está.
– En el asiento trasero del coche.
– Sí y no cierren el coche con llave.
– Dejamos el dinero en un coche que no está cerrado con llave y andamos una manzana…
– Dos manzanas.
– Y después, ¿qué?
