– ¿Podrías darme alguna idea de qué se trata?

– Bueno…

– ¿Por teléfono?

– Quizá sea mejor que no, Matt. Es un trabajo para un detective; es importante y pagaremos lo que pidas.

– Bueno -admití-. No sé si estoy libre para trabajar en este preciso momento, Pete. En realidad, tengo planeado un viaje. Me voy a Europa a final de esta semana.

– ¿Dónde?

– A Irlanda.

– Eso suena muy bien -observó-. Pero, mira, Matt, ¿no podrías simplemente llegarte hasta aquí y dejar que te lo expliquemos? Nos escuchas y, si decides que no puedes hacer nada por nosotros, no habrá ningún resentimiento y te pagaremos por tu tiempo, además del taxi de ida y vuelta.

Lejos del teléfono, el hermano decía algo que yo no alcanzaba a entender. Pete añadió:

– Se lo diré. Matt, Kenan dice que podríamos pasar a recogerte con el coche, pero tendríamos que volver aquí y por lo tanto me parece que es más rápido que tú simplemente cojas un taxi y te vengas aquí.

Me parecía que estaba oyendo hablar mucho de taxis a alguien que trabajaba de mensajero y recadero. Luego el nombre de su hermano me recordó algo. Dije:

– ¿Tienes más de un hermano, Pete?

– No, sólo uno.

– Creo que lo mencionaste en tu exposición. Algo acerca de su ocupación.

Una pausa. Luego:

– Matt, sólo te estoy pidiendo que vengas a escuchar.

– ¿Dónde estás?

– ¿Conoces Brooklyn?

– Tendría que estar muerto.

– ¿Qué dices?

– Nada. Pensaba en voz alta. Un famoso cuento: «Sólo los muertos conocemos Brooklyn». Solía conocer partes del barrio razonablemente bien. ¿En qué lugar de Brooklyn estás?

– Bay Ridge. Colonial Road.

– Eso es fácil de encontrar.

Me dio la dirección y la anoté.


La línea de metro R, conocida también como metro local de Broadway, va desde la Calle 179 de Jamaica (barrio de Queens) hasta unas manzanas antes del puente Verrazano, en el ángulo sudoeste de Brooklyn. Lo abordé en el cruce de la 57 con la Séptima Avenida y bajé dos paradas antes del final de la línea.



26 из 298