Mi madre asintió con la cabeza cuando masticó un bocado de guisantes. No habló mucho cuando mi padre tomó la palabra, aunque me hizo un guiño. A veces pienso que a mi madre le gustaba verme incómodo, aunque era amable.

"No pienso que tenga oportunidad de ganar", dije. Aunque era probablemente el niño más rico en la escuela, no era de ninguna manera el más popular. Ese honor le pertenecía a Eric Hunter, mi mejor amigo. Podía lanzar una pelota de béisbol a más de cien kilómetros por hora, y había conducido al equipo de fútbol de regreso a los títulos estatales como el mariscal de campo estrella. Era muy bueno. Incluso su nombre sonaba bien.

"Por supuesto que puedes ganar", dijo mi padre rápidamente. "Nosotros los Carter ganamos siempre".

Ésa era otra de las razones por las que no me gustaba pasar el tiempo con mi padre. Durante esas pocas veces que estaba en casa, pienso que quería moldearme como una versión en miniatura de sí mismo. Ya que yo había crecido bastante sin él, yo había venido resintiendo el tenerlo alrededor. Ésta era la primera conversación que habíamos tenido en semanas. Él rara vez me hablaba por teléfono.

"¿Pero qué si yo no quiero hacerlo?".

Mi padre bajo su tenedor, y un bocado de su chuleta de cerdo todavía seguía en sus dientes. Él me miró con irritación, echándome un vistazo. Él llevaba un traje aún cuando la temperatura en la casa estaba bastante alta, y eso lo hizo todavía más intimidante. Mi padre siempre usaba traje, por cierto.

"Yo pienso", dijo despacio, "que sería una buena idea".

Sabía que cuando dijo eso el asunto había terminado.



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