
Buscando en su bolsillo, sacó una fotografía, la única que llevaba, la única que importaba. Debería haberla destruido. Podía ver su propia cara, la terrible y cruda verdad capturada en carrete. Bajaba la mirada hacia una mujer y el amor en su cara, el hambre cruda, era tan evidente que resultaba una traición, allí para que todo el mundo -incluso él- la viera. Su dedo se deslizó sobre el papel satinado, dejando una mancha de sangre. Hannah Drake. Supermodelo. Una mujer con extraordinarios y mágicos dones. Una mujer tan lejos de su alcance que bien podría intentar mejor alcanzar la luna en el cielo.
Oyó pasos y el susurro de ropa deslizándose contra la pared. Metiendo la foto de vuelta en el bolsillo de su camisa, cerró su corazón, y sacudió la cabeza para aclarársela. Más sudor goteó en sus ojos y se lo limpió. Los culo-prietos llegaron primero, quedándose entre las sombras pero avanzando definitivamente. El sudor hacía que le picaran los ojos, y la sangre corría firmemente por su costado hasta su pierna, mezclándose con la lluvia que había empezado a caer en un chaparrón implacable. Estabilizó el arma y esperó.
Al final del callejón, un hombre cayó y el primer disparo llegó casi simultáneamente. Jackson era un infierno sobre ruedas a esa distancia. Tendido en lo alto del edificio, podía escoger simplemente entre ellos si eran lo bastante estúpidos como para seguir avanzando, y ahí estaban. Jonas se tomó su tiempo, esperando el fogonazo de un cañón cuando uno delatara su posición disparando hacia arriba a Jackson. Jonas entrecerró la mirada y contó hasta dos de ellos, pero la entrada del callejón todavía parecía muy lejos cuando el fuego punzante se extendía por su cuerpo y su sangre estaba derramándose por todo el suelo.
No seas un asno debilucho. No vas a morir en este sucio callejón derribado por unas pocas ratas medio muertas. Se habló severamente a sí mismo, esperando que la charla animada evitara que cayera de cara al barro. El problema era, que no sólo eran ratas medio muertas, eran auténticos mercenarios, entrenados en tácticas como lo habían sido Jackson y él, e iban a tomar el tejado también. Oía ruidos en el edificio de su espalda, el edificio que debería haber sido un almacén vacío.
