
Jonas asintió. El sudor goteaba por su cara y perlaba su cuerpo. Sip. Estaba listo para correr -y dar con la cara en el suelo- pero se mantendría en pie y con el arma lista y respaldaría a Jackson en cualquiera que fuera el alocado plan que tuviera. Porque, al final, siempre podía contar con Jackson.
Jackson se fundió en la noche silenciosamente, como siempre hacía. Había vuelto a casa con Jonas cuando ambos acabaron hartos de la muerte de vivir entre las sombras, cuando Jonas empezó a echar de menos endemoniadamente a su familia adoptiva. Se unieron al departamento del sheriff y habían vivido una vida cómoda hasta que Jonas había conseguido que le dispararan en el trabajo y se volvió inquieto y nervioso durante la recuperación. Su antiguo jefe, Duncan Gray, de un equipo especial enterrado profundamente en el Departamento de Defensa, había venido a verle. Jackson le habría lanzado una mirada dura y habrían permanecido a salvo. Pero no, Duncan había sabido como entrarle a Jonas, porque Jonas caía con la frase "te necesitamos" cada maldita vez.
Era un infierno lo que había hecho, arrastrar a Jackson a este embrollo. Y no era la forma en que había planeado morir, una suave misión de reconocimiento con los rivales de Nikitin para ver quién iba y venía y por qué. Nada especial, pero ahí estaban, disparos y sangre volando por todas partes. Jonas abrió el paquete de vendaje de presión con los dientes y lo sacó de la envoltura, apretándolo en su lugar antes de poder pensarlo demasiado.
El fuego le desgarró, apuñalando tan profundamente que su cuerpo se estremeció en reacción. Tuvo que mantenerse en pie aferrándose con fuerza al contenedor de basura, ¿no se suponía que esto era sanitario? Demonios, ésta vez tenía auténticos problemas. Se tambaleaba, la única cosa firme era el arma en su mano.
