Un momento después, estaba en el ascensor de camino a la planta club. Seth y ella también tenían una habitación allí, así que utilizó su llave del ascensor. Era la única manera de llegar hasta el piso. Seth y ella habían decidido que sería más fácil vestirse en el hotel que ir a casa y volver corriendo. La canguro había estado de acuerdo en quedarse toda la noche con los niños, lo cual proporcionaba una fantástica noche libre para Sarah y Seth. Tenía muchas ganas de que llegara la mañana siguiente, cuando podrían quedarse en la cama, pedir que les llevaran el desayuno y charlar sobre el evento de la noche anterior. Pero, por el momento, solo esperaba que todo fuera bien.

En cuanto salió del ascensor, Sarah vio el enorme salón de la planta club. Había pastelitos, sándwiches y fruta, botellas de vino y un pequeño bar. Había cómodos sillones, mesas, teléfonos, un gran surtido de periódicos, una pantalla de televisión gigante y dos azafatas sentadas a una mesa para ayudar a los huéspedes en todo lo que necesitaran, desde facilitarles reservas para la cena, responder a preguntas sobre la ciudad, darles indicaciones, conseguirles manicuras, masajes y cualquier cosa que se les antojara. Sarah les preguntó cómo llegar a la habitación de Melanie y luego siguió avanzando por el pasillo. Para evitar problemas de seguridad y líos con las fans, Melanie estaba registrada como Hastings, el nombre de soltera de su madre. Lo hacían en todos los hoteles, igual que otras estrellas que raramente daban su nombre real.

Sarah llamó suavemente a la puerta de la suite, cuyo número le había dado la azafata del salón. Podía oír música en el interior; al cabo de un momento le abrió la puerta una mujer baja y corpulenta vestida con un top sin espalda y vaqueros. Llevaba un cuaderno amarillo en la mano, un bolígrafo metido entre el pelo y sostenía un traje de noche.

– ¿Pam? -preguntó Sarah, y la mujer sonrió y asintió-. Soy Sarah Sloane. Solo venía a saludaros.



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