
Y Laura se negaba a descuidar a Will. Hasta entonces, corriendo a la velocidad del sonido había conseguido más o menos hacerlo todo, y debía seguir así.
– La verdad es que llamo por una razón seria -dijo Will.
– ¡Oh, Dios mío! ¿Has averiguado algo nuevo sobre mi hermana?
– No. Debe estar viajando con dinero y no con tarjetas de crédito, porque hasta ahora no se ha encontrado ninguna pista. Pero tómate eso como una buena noticia, Laura. Si tenemos problemas para encontrarla es porque se esconde tan bien como su marido. Y tengo un abogado estudiando su caso, aunque tardará algún tiempo. No hay nada que podamos hacer hasta que tengamos respuestas más concretas.
Laura se frotó la frente.
– No sé cómo lo has organizado todo tan deprisa, pero gracias. Yo no sabría por dónde empezar para contratar al abogado y a los de seguridad… y no es sólo encontrarlos, sino saber qué preguntarles y todo lo demás.
– Tú tranquilízate, y verás como sacamos a tu hermana de sus problemas… Y hablando de otra cosa, he encontrado un par de niñeras para ti. Ya las he entrevistado y tienen excelentes referencias. Podrían ir a tu casa esta noche si quieres hablar con ellas.
Laura vaciló. No podía apreciar más el modo en que Will se ocupaba de todo, pero a veces olvidaba que a ella también le gustaba ocuparse de sus cosas.
– Bueno, verás… ya he quedado con una para que venga esta noche a una entrevista.
Will se quedó callado unos instantes.
– Bueno, es estupendo que tú también hayas encontrado a alguien. Pero, Laura, sé lo que piensas del dinero, y si tienes miedo de entrevistar a niñeras que están fuera de tus posibilidades…
