
– Creo que ha pasado demasiado tiempo desde que tomaste costillas -observó Will.
– ¿Has llegado a esa conclusión porque me he tirado sobre mi plato como un lobo hambriento? -Laura sonrió-. No está bien hacer dieta continuamente. Adoro esto. Y ceder al pecado es más tentador porque no he disfrutado de una comida o cena sin interrumpir desde hace un siglo. O al menos dos semanas. No puedo entender cómo el bebé sabe cada vez que yo me siento a comer.
– A Archie no le gusta que dejes de prestarle atención. Por suerte esta noche no tendrás que preocuparte de él.
– ¿Will?
– ¿Hmm?
Will vio al camarero dejar un plato de mousse de chocolate frente a Laura. No sabía dónde lo metería después de una cena de cinco platos, pero estaba deseando ver cómo lo intentaba.
Esperó hasta que el camarero se marchó.
– Me preocupaba haber herido tus sentimientos por no haber elegido una de las niñeras que me mandaste. Te molestaste mucho para prepararme las entrevistas con esas niñeras. Y eran estupendas, como dijiste.
– No pasa nada -dijo Will rápidamente-. Obviamente tenías que elegir a alguien en quien confiaras y con quien te sintieras cómoda.
– Exacto. Y lo que realmente quería era a mi madre.
– ¿A tu madre?
– Sé que te parecerá una tontería. Han pasado diez años desde que perdí a mi madre, y tú no tuviste oportunidad de conocerla, Will. Pero le hubiera encantado un nuevo bebé en la familia. Lo habría mimado y consentido terriblemente. Y la señora Apple es abuela. Incluso habla como mi madre hacía. Y no importa lo profesionales que fueran las otras, Archie sólo habría sido un trabajo para ellas.
– Laura, no tienes que darme explicaciones. Me pareció bien tu decisión… el helado de tu mousse se está derritiendo.
Ella bajó la mirada.
