– Es cierto. Pero no debería. Realmente no debería tomármelo. Esto se irá directamente a mis cartucheras, ¿lo sabes?

Will apoyó la barbilla en la mano y la vio devorar el postre como había hecho con toda la comida.

Lo de la niñera no debió molestarlo. Pero le molestó un poco.

Él quiso ayudarla, y ella no necesitó su ayuda. La gente nunca le había necesitado. Will sabía qué hacer y cómo reaccionar cuando veía que los demás lo buscaban por su dinero. Se sentía cómodo. Pero Laura no quería su dinero, y era dificilísimo intentar hacer algo por ella.

Ninguno de sus padres lo quiso ni lo necesitó. Will había aprendido a palos que a menos que tuviera una función en la vida, la gente le escupía.

Laura dejó su cuchara y suspiró.

– Estaba delicioso.

Will levantó la cabeza para buscar al camarero y pedirle otro postre igual. Pero Laura le sujetó la muñeca para que no pudiera levantar la mano.

– No te atrevas. Si me dejas tomar más calorías esta noche, te estrangularé con mis propias manos.

Él giró su palma y sus dedos se enlazaron.

– Vaya, me has asustado.

– Estoy segura -Laura hizo un gesto hacia la pista de baile-. ¿Te atreves a sacarme? Pero te advierto que hace falta valor, porque soy un desastre.

Estaban riéndose cuando salieron a la pista. Sólo había otras dos parejas.

Laura apoyó la cabeza en su hombro y le echó los brazos al cuello. Olió su aroma, picante y masculino. Sus pechos se rozaron suavemente. Sus muslos se pegaron al instante, y Laura notó lo fácilmente que él se había excitado.

Se balancearon con la música en un mundo privado de dos.

La tensión fue desapareciendo de la cabeza de Will, pero aún tenía algo que le preocupaba. Era… el bebé. Había visto el modo instintivo y cariñoso de Laura de comportarse con él. Ella nunca había mencionado querer un bebé, y tampoco había hablado de matrimonio. Laura nunca le había forzado en nada.

Will conocía sus propios defectos. Si alguien le presionaba, él daba media vuelta.



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